
En la provincia de Jujuy, a 4000 metros de altura, con la aridez característica de los paisajes de montaña aparece la localidad de Susques. Allí funciona la aduana, y es el paso obligado para dirigirse al norte de Chile. A 52 kilómetros encontramos la localidad de Pastos Chicos. Sus habitantes aun conservan aún las milenarias tradiciones de la cultura andina.
La pobreza extrema inunda cada recoveco del altiplano. No ha previsto la madre naturaleza colores vivos, ni vegetación, ni fácil acceso al agua potable. La fauna se reduce a unas cuantas ovejas y llamas que constituyen la base de la alimentación. En invierno las temperaturas descienden hasta los 25º bajo cero, limitando cualquier perspectiva de cultivo.
Es verdaderamente extensa la brecha que separa a los pueblos de la civilización. Necesidades que para nosotros resultan impostergables no lo son tan así para los habitantes de la zona.
Las casas son de adobe y techos de paja. La mayoría de las viviendas cuentan con una sola habitación donde funciona todo: cocinan, comen y duermen. Las puertas y ventanas de las familias más humildes están fabricadas con cardón. Su armazón no es sólido y presenta considerables ranuras que permiten el ingreso de aire frio a la mayoría de los hogares. No cuentan con agua potable de red y la electricidad es obtenida mediante algunos paneles solares.
Las posibilidades de progreso son prácticamente nulas, debido a que pocos son los niños que tienen oportunidad de estudiar, trabajan desde muy chicos en el campo cuidando las llamas u ovejas. A esto se le suma el cierre de las minas y la consecuente escasez de trabajo. El estancamiento laboral produce en los hombres una sensación de impotencia que suelen canalizar a través de la bebida.
Su contacto con el resto de la Argentina se reduce a una línea telefónica tendida de hace ya unos años, y a la señal (que solo unos pocos pueden alcanzar) de Direc-tv.
A nivel local funciona una emisora de radio -100.1 Fm Pastos Chicos- que en el año 2011 se inauguró junto al Agente Sanitario y la gente del pueblo. En el año 2012 se inauguró una Biblioteca y una Videoteca en el mismo lugar, acercando así a la gente del pueblo.
No cuentan con médico, si con un agente sanitario que haces la veces del mismo.
Los 1500 kilómetros que separan a nuestra capital de aquel humilde pueblo no son un obstáculo para que 40 personas – odontólogos, médicos y jóvenes- viajen y compartan experiencias de vida y momentos únicos.
Desde el año 1995, un grupo de docentes, médicos, odontólogos y jóvenes unidos por la vocación de servicio y amor al prójimo; llevamos adelante diferentes talleres de prevención de la salud bucal, charlas de sexualidad, controles médicos, controles ginecológicos y oftalmológicos, y talleres de recreación con los integrantes de los pueblos.
Dichas actividades se preparan durante el año y están a cargo de cada grupo de profesionales; así, los médicos y odontólogos preparan actividades de prevención; los jóvenes arman los distintos talleres de recreación junto con los docentes, tanto para niños como para adultos.
La personalidad del Coya
Muy arraigado a sus costumbres y tradiciones, el coya difícilmente cederá ante las imposiciones de una cultura que no es la propia. Su lengua nativa es el Quechua, aunque muy pocas veces la utiliza en presencia de visitantes. Muestra cierta reticencia hacia las cosas que son fabricadas por el hombre y un apego absoluto a los productos de la tierra – la Pachamama-. Esto se confirma en la actitud de las madres lactantes quienes prefieren alimentar a sus bebes con el yerbeado en lugar de amamantarlos. Creen que de ese modo crecerán fuertes y sanos. Los problemas de nutrición que padecen son generados en buena medida a acusa de esa incompleta alimentación.
A pesar de su condición católica, el común de las mujeres son madres solteras –o bien lo han sido en su momento-, llegando a tener un promedio de entre 12 y 13 hijos cada una. Se inician en la actividad sexual en la temprana adolescencia, cuando deciden convivir un período de prueba con quien eventualmente será su esposo.
Viven de lo que producen. Se contentan con lo poco que les ofrece el entorno, razón por la cual la carne de llama –generalmente cocida a sol- es su habitual nutriente. La indigencia reinante ha malogrado la salud de la población, cuya esperanza de vida no logra superar los 40 años de edad.
Sus caras y sus manos curtidas no evidencian tristeza ni dolor. En su lugar, aparecen como constantes de sus aguerridos espíritus, la alegría y el fiel agradecimiento.
Breve Reseña
